La novísima grandeza mexicana


Los artistas, los pintores, poetas, por cuatro siglos han hablado de la grandeza mexicana, ¿Podrías hoy tener hacia nuestra capital un sentimiento de admiración semejante? En efecto la ciudad de México ha sido elogiada por su magnificencia, su grandeza. Por lo menos lo fue hasta mediados del siglo pasado, pero ahora predomina un sentimiento distinto, al ver cómo ha crecido en los últimos 50 años, despierta en nosotros algo de horror, ante aquello que crece incontrolablemente, una monstruosidad.


Le suplico que imagine usted que está a vuelo de pájaro, a vuelo de helicóptero y que ve en su extensión de más de 1,500 km a la Ciudad de México. ¿Qué ve usted? Una placa gris, parda, que refleja aquí y allá la luz del sol.


Viven en ella 9 millones de personas. Si uno ve más allá, hacia el circo de montañas, tan ponderado por los viajeros del siglo pasado, verá entre una bruma amenazante otras poblaciones que crecen más allá de todo control urbano. En toda la cuenca vivimos más de 23 millones. Usted puede distinguir las arterias que comunican a este conjunto urbano repletas de tránsito. Como islas el gran centro histórico, algunos pueblos viejos que se conurbaron en las últimas décadas, algunos parques, pero encontramos una desproporción en el tejido urbano y las zonas verdes. Incluso la mancha está depredando y devorando los bosques de encino y pino de las sierras, incluso la sierra nevada que apenas se puede distinguir por la contaminación.

Todo esto es monstruoso, y confirmamos la irracionalidad y la codicia de este fenómeno al repasar los índices básicos, porque la mitad de la población vive en la pobreza y 500 mil o más en la miseria.


Los índices de la delincuencia han aumentado. Solo son peores en el Estado de México y Guerrero. El color oscuro de la atmósfera se debe a sustancias toxicas. En un año solo 25 días respiramos aire limpio. Por segundo año consecutivo, el 1re lugar en el mundo en congestión vial.


Los líderes del futuro tendrán que enfrentarse a estos y a otros muchos grandes problemas. Pero si aspiran a crear una novísima grandeza de la capital, tendrán que hacer un esfuerzo casi heroico. Cualquier proyecto de regeneración tendrá cuando menos 4 líneas.


I.- Prosperidad. Es muy importante el crecimiento económico. Debe garantizarse el desarrollo de las empresas y la competencia. Debe florecer el mercado. Pero en el marco del poder efectivo del gobierno. Este no solo genera las condiciones materiales para la prosperidad y la vida satisfactoria, instalaciones, vías de acceso, cultura, educación, etc., sino debe procurar el equilibrio social que no se puede esperar del libre juego del mercado.


II.- Justicia.- El gobierno será un agente activo para la redistribución de la renta y la creación del bienestar. Los impuestos deben ser progresivos.


Elemento central de la justicia es la Seguridad, hoy la Ciudad no es segura y sus habitantes no sienten confianza ni entre sí, ni con las autoridades. El esfuerzo para ser habitable la ciudad empieza por garantizar a todos las vidas, seguridad personal y propiedades. Se va a requerir no solo enormes inversiones, sino alta tecnología para prevenir y perseguir los delitos. La prosperidad y mejora en el empleo coadyuvaran para que mejore la seguridad; el desarrollo económico no es fruto únicamente de la prosperidad si esta se concentra en unas cuantas manos, el elemento equilibrador es la Justicia.


Los programas de beneficio social no solo mejoran el nivel de las familias, sino generan productividad y participación en el mercado, mejoran la condición de las familias pobres y la atmosfera económica de todos.


III.- La justicia implica también sustentabilidad, hacernos responsables del medio que habitamos. No solo se trata de una vocación ecologista, es una respuesta al agotamiento de recursos vitales, los bosques, la atmósfera, el agua, están disminuyendo severamente y está poniéndose en riesgo no solo nuestro bienestar, sino el de las futuras generaciones. Tenemos que defender a nuestros descendientes al conjunto humano que no conocemos y que habitará la ciudad, en las décadas por venir.


IV.- Existe otro elemento que no se refiere a las conductas económicas ni a la generación de la riqueza ni a su redistribución. Este es un elemento intangible, espiritual, es un cambio en la conciencia de los capitalinos empezando por los gobernantes, es una revolución de las conciencias, el establecimiento de una -ética pública-.


Este factor atacará al gran problema de la corrupción y la impunidad que es la plaga que está destruyendo los cimientos de nuestra República. Pero la ética pública, va más allá: El pueblo de la Ciudad de México tiene hambre y sed de justicia, y también de rectitud.


La economía debe cubrir las necesidades básicas de los seres humanos para que vivan con dignidad pero, los valores esenciales de la veracidad, honestidad y responsabilidad generan la confianza, la estima mutua, el respeto. Nos hacen respetar a los demás y revalorar nuestro destino como un quehacer colectivo.


Por supuesto que estas líneas indispensables a mi juicio, en un proyecto de gobierno para la Ciudad de México y tendrán que ser desarrolladas y complementadas por otras. Pero creo que si no se dan por lo menos estas 4, la Ciudad de México no podrá ser una urbe donde los habitantes se sientan satisfechos de vivir.


Los niveles de felicidad están sustituyendo a la preocupación obsesiva por los objetivos económicos cuantificables. En Europa se está empezado a medir el verdadero desarrollo de los pueblos en bienestar psicológico, la educación, la vitalidad comunitaria, el uso del tiempo libre, la fortaleza familiar, la salud mental. Se le ha llamado indicadores de progreso real, índice de desarrollo humano o felicidad nacional bruta.


Si aspiramos a recuperar la grandeza de la ciudad debemos de generar un cambio interno: no es una transformación que pueda darse en breve tiempo, pero tenemos que empezar a caminar en esa dirección.


La Ciudad de México volverá a su grandeza, pero no solo por sus desarrollos arquitectónicos, por su belleza monumental, sino por el espíritu creativo y el alto nivel de conciencia y tolerancia de los ciudadanos entre sí y de las autoridades con los ciudadanos.


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